dimecres, 10 de juliol de 2013

Todavía cae la lluvia

    

         T O D A V Í A    C A E   L A   L L U V I A

Amor, pájaro de ojos oceánicos, hoy una constelación de aves me ha sobrevolado y el remolino de sus aleteos ha dejado el cielo rasgado de horizontales heridas que dibujan un ocaso, el día marchó de puntillas y fue súbita la oscuridad celestial. Anclé la mirada a una vela de llama serena , aferrada a mi iris danzaba altiva una esbelta gota de fuego, cerré los ojos y ví aún contundente su flamante presencia, se tornaba verde y más tarde violeta. Acaso eras tú?
Amor, te digo amor y no sé a quien hablo, he pronunciado en mitad de este atardecer tus múltiples nombres y todo me respondía.
Por eso te escribo, amor, y en cada línea te dejo un pájaro oculto.
Y escribo sobre la camaleónica piel de la vida mientras la lluvia inicial escribe sobre la arena puntillando la superficie de la playa.

Amor, cima de todo el bienestar, si esta arena fría en que hundo mis pies viera hundir también tu cuerpo de nube dejaría mis dedos sumisos al impulso aferrarse al lazo que rodea tu cuello de árbol antiguo, después buscaría aquel hueco que hallé entre dos ramas, refugio de mi frente más tersa, nido donde rompe su cáscara el beso. Amor, bosque de noble madera, tu nítida desnudez cubriría con un manto de cálido aliento, dejando mis manos ser anchos volantes, dejando mis besos ribetear delicadas puntillas por tus fronteras, dejando a una aguja de luna bordar en el centro los nombres que tú y yo tenemos. Pero no hay una luna esta noche y mi piel añora calor.


Amor, cáliz de mar de agua dulce, contra las aristas rocosas lancé estos pensamientos y una nebulosa se alzó con voz de lamento, aquel vapor se posó sobre estas hojas y, al dejarlas sobre la roca, la humedad imprimió en ellas la tinta que hoy te habla. Lo ves, amor, siempre hay un fragmento de universo donde estamos escritos y es cómplice y testigo de lo que nos hemos dicho y de lo que ya nunca nos diremos.

Aquí, cerca de mí, dos hombres lanzan al centro de la noche sus cañas y, sabes amor, no esperan nada. Yo adivino sus rostros curtidos de mar en la tímida luz del fanal, dicen pocas palabras y de vez en cuando en sus cestos entra una agitada fosforescencia de plata, ellos se miran y levemente sonríen y son felices porque no lo esperaban. Y tú, amor? fuego beduino de bienvenida, me pregunto si tú me esperabas.

Amor, hiedra trepadora, aquí dejaste olvidadas raíces que ahora oprimen mi voluntad. Vida, si te acuerdas, las vendrás a buscar?
Cerca de mí, agreste corcel, aún te siento cabalgando desbocado mi vientre pradera. Aquí te amo y, contra mi voluntad, del centro de mi noche te aparto porque tampoco yo debiera esperar nada.
Amor, planeta anillado de risas , todavía cae la lluvia, y sé que aunque mi tierra no vuelvas a calar no te habrás ido porque ya eres carne de mi carne,   p u r o   a i r e.

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